Kinski / Herzog :
Por Osvaldo Roca .
Hamburgo. Los espectadores se pegan por mí, incluso corre la sangre. Cinco coches patrulla rodean el teatro Ann
Besenbinderhof. Detrás del telón, el organizador, Collin, se pone a suplicarme. -No le sepa mal que la gente se
pegue por mí, hombre -le digo riendo-. Ni siquiera Cristo tenía a todo el mundo a su favor.
KLAUS KINSKI - YO NECESITO AMOR.
Desagradable, mujeriego, amante de los insultos y desprecios, enajenado, cuerdo demencial, estrella del subproducto,
egomaniaco insoportable, poeta de la desesperación, individualista radical, cabrón con delirios de grandeza, putero,
degenerado, melancólico, tierno, violento, dulce, solidario, despota, afectuoso, sádico, oportunista, traicionero, leal,
falócrata, afeminado, cruel, tolerante, racista, mestízo, único... ¿Pero quien era Klaust Kinski salvo un actor de serie B
que malgastaba su talento en productos o subproductos de segunda o tercera categoría?. Rodajes falsamente exóticos en
el culo del mundo, condiciones de seguridad y salud deplorables, sueldos de mierda, horarios y jornadas de rodaje inhu-
manos, contratos inexistentes y productores estafa, sueldos sin cobrar y películas que no existen...etc. Y en medio de
todo eso un huracán de séxo; sobredosis de séxo en estádo de casi drogadiccción, shock o hipnosis lasciva. Orgasmos
sin afecto, amantes desechadas como una compresa sangrante, lujuria efímera y precoz. Mujer entendida como una
cavidad vaginal para chupar y penetrar, follar hasta la extenuación y dejar atrás sin culpa ni remordimiento. Matrimo-
nios de usar y tirar, infidelidades constantes, mujeres de todas las razas y culturas, y el séxo entendido como una adic-
ción incontrolable que se consume hasta reventar. Kinski era antisocial por naturaleza. Germano de orígen polaco que
aborrecía sobre todas las cosas la frialdad y el caracter autocensor y represivo de los teutones como su obediencia ciega
a los poderes gubernamentáles, su sumusión a valores como el trabajo extenuante a modo de tradición esclavista, la
limpieza fanatizada, el rechazo a los placeres carnales y culinarios o el desprecio a todo sujeto o grúpo que se distinga
de la mediocridad reinante y generalizada. Kinski era demasiado caliente, demasiado latino y pasional pese a su orígen
centro-europeo para vivir como un alemán anónimo, indistinguible de una masa que el consideraba robotizada y
sumisa en sus tradiciones inviolables. Niño al borde de la miseria en el Berlin de Hitler, soldado forzoso apenas alcanzó
la adolescencia, desertor convencido y recluso en un campo de prisioneros escocés. A la vuelta al hogar su madre ha
fallecido, sus hermanos (de ambos séxos) apenas tienen medios para subsistir y el própio Kinski contesta en un impro-
visado interrogatorio -¡actor!. Sea una desesperada forma de subsistir o una vocación inconsciente, con la llegada de
Kinski al panorama interpretativo se avecina se avecina un talento casi virgen que despliega una fuerza hasta ese mo-
mento impensable en un interprete centroeuropeo. Hay en ese actor rubio y de mirada penetrante una energía que tras-
pasa la pantalla, un individuo que atrae hacia sí todas las miradas con pasmosa facilidad. El roba planos más contunden-
te que había aparecido hasta ese momento en las pantallas germanas. Pasan los 50, llegan los 60 y eclosiona el cine de
género italiano y el celebérrimo spaguetti-western. Kinski se siente en italia como en casa (o mejor), acepta todo lo que
le ofrecen y trabaja con Sergio Leone y un largo etc de realizadores de toda indole, del más talentoso al más inoperante.
Spaguetti de primera, segunda, tercera y cuarta categoría: sueldos de saldo, técnicos y artistas explotados, horarios
inhumanos, caos de lenguas y culturas en medio del infierno de las coproducciones. Directores impresentables con
repugnantes aires de grandeza cuando no son histéricos que solo saben gritar, repartos de saldo tanto de veteranos como
de antíguos profesionales en decadencia, “stars” de pacotilla que son pasto del olvido, el purgatorio de la actividad pre-
coz de los rodajes Almerienses con ranchos insalubles y accidentes constantes y en ocasiones mortales. Peores eran las
condiciones del cine de acción Filipino (con multitud de muertos) o de los más bajos engendros made in Hong-Kong,
pero no hay que dulcificar la realidad de los rodajes en Almería. Mientras tanto Kinski rechaza papeles de prestigio y
personajes de verdad a manos de auténticos creadores a los que ignora voluntáriamente: Arthur Penn, Federico Fellini
(a quien despreció de forma brutal), Luchino Visconti, Pasolini, Ken Russell, Lilliana Cavani y hasta se negó a ser el
villano de “En busca del arca perdida” a las ordenes de Spielberg. Rodó casi 300 películas y rechazó más de 2000. Un
desperdicio, dirían algunos.
Enumerar y describir con detalle todas las vejaciones y malos tragos que nos hizo pasar en la selva -el cretinismo total
de Herzog, su desvergüenza, su desfachatez, su brutalidad, su estupidez, su megalomanía y su falta de talento- , así
como las consecuencias de todo ello, resultaría verdaderamente vomitivo, y sería una imperdonable pérdida de tiempo
y energías. Es el mísmo montón de basura podrida de diez años atrás, aunque aún más imbecil, descerebrado, paralíti-
co y criminal. KLAUS KINSKI -YO NECESITO AMOR-.
Pero hay siempre una excepción a la regla y Kinski encontró a un tipo tan inclasificable como él, de caracter contrario
al suyo; aparentemente afable y calmado, con una pose de intelectual y otra de presunto “genio” , que atrae a partes
iguales su interés y su desprecio: WERNER HERZOG. Alemán de orígen polaco como Kinski, de ascendencia judía,
(Kinski tenía fama de antisemita) artista y creador con una vena megalómana que solo podría dirigir como un exorcismo
emocional, lo que arranca del interior de una mirada perturbadora en las formas puras de la naturaleza. Cineasta de culto
en la década de los 70 entre los intelectuales de izquierdas que hizo aquí estragos entre el público de las salas de arte y
ensayo y la presunta juventud “progresista” de la época por su condición de cineasta a contracorriente, insólito y original
para la época y más hoy en día en el codificado y convencional cine presente, Herzog es un autor de culto entre sus cole-
gas. Realizadores como David Linch, Abel Ferrara, Harmony Korine o Alex Cox le recuerdan y agradecen las influencias
que ejerció sobre ellos. Ian Curtis, cantante y lider de los “JOY DIVISION” , banda clave del movimiento punk-rock de
los llamados “siniestros” (THE CURE , BAUHAUS, THE DAMMED, THE MISSION, NINA HAGEN), se ahorcó tras
el divorcio de su mujer y tras haber visionado un pase televisivo de “WOYZECK”, obra clave del duo Kinski/Herzog ;
el resto de los componentes de la banda formarían por su cuenta “NEW ORDER”. Herzog es el director ecologista por
cita ineludible, amante como Kinski de la naturaleza en su estado más inviolable a la que intenta sacar imágenes puras,
virgenes en toda su inabarcable grandiosidad, corrompida por el imparable avance de la civilización y el turismo indis-
criminado según Herzog, enemigo declarado de los viajes organizados y la rutina de las guías turisticas al por mayor.
Kinski era una de las desatadas fuerzas de la naturaleza. El problema de Kinski es que estába loco. Mejor dicho, era
un maniaco. WERNER HERZOG -MI ENEMIGO INTIMO-
En sus imprescindibles memorias: YO NECESITO AMOR (Ed· Tusquets) Kinski ladra y vomita hacia Herzog toda
clase de juegos de palabras despreciativos con un ingenio tan brillante que acaba despertando un humor totalmente
imvoluntario que hace de su lectura un goce constante para espíritus morbosos. Le desea mil veces la muerte y se llega
a temer que culmine sus más bajos instintos homicidas sobre el cineasta. Pero cada vez que Herzog reclama y solicita
la presencia de Kinski, este, por alguna razón desconocida (ya que núnca se molestó en dar explicaciones al respecto)
acude a la llamada sin dudarlo. Ya que es de púra lógica reflexiaonar que un sujeto que afirmase aborrecer a otro
individuo, hasta límites casi asesinos, tuviese con él una relación de estrecha y (porqué no) intima colaboración. Se
huele a kilómetros que Kinski no dice exactamente la verdad en su relación con Herzog, y es posible que éste viera
realmente en Herzog una personalidad tan indomable como la suya (en terminos más artísticos e intelectuales que de
presencia o personalidad en el trato físico). Si es cierto eso que se suele decir que el amor y el odio parten de la misma
emoción, entonces la relación de Kinski y Herzog es el amor mutuo de dos hombres encubierto tras una capa de ira y
desprecio. La necesidad de amor (físico) de Kinski es similar a la obsesión de Herzog en la busqueda de unas imágenes
púras, únicas para la retina de su creciente número de admiradores (hablo de finales de los 70). La leyenda negra del
mítico en su constante intimar con el desastre, rodaje de AGUIRRE, LA CÓLERA DE DIOS (72), en el que se veía a
Herzog apuntando con un fusil Winchester a su estrella protagonista, se revela tan calenturienta como los relatos a
propósito de los caníbales de los Andes en VIVEN.
Con toda la armadura puesta, me caigo en un charco pantanoso; intento liberar mi cuerpo del fango, pero me hundo
cada vez más. Grito, inflamado de furia ciega:
- ¡Yo me largo! ¡aunque tenga que remar hasta el océano atlántico!.
- Si te largas, acabo contigo -dice ese calzonazos de Herzog, con cara de susto debido al riesgo que está corriendo.
- ¿Como vas a acabar conmigo, bocazas? -le pregunto, con la esperanza de que me ataque y así pueda matarlo en
defensa propia.
- Te voy a disparar -balbucea como un paralítico con el cerebro reblandecido. -Ocho balas para tí, y la úlima para mí.
KLAUS KINSKI -YO NECESITO AMOR-
En realidad Kinski estalló harto de percances y constantes accidentes enfundado en su armadura de Aguirre y amenazó
a Herzog con abandonar el rodaje en la selva peruana dadas las deplorables condiciones sanitarias y alimentícias. Tras
un intercambio de insultos y amenazas, Herzog desesperado ante la idea de echar a perder su película, amenaza a Kinski
con abrir fuego sobre él. De hecho más conflictiva se reveló FITZCARRALDO (82) diez años después en la mísma selva
peruana. Herzog recurrió a Kinski tras las desastrosas pruebas con Jason Robards y Mick Jagger (que calificó a Herzog
de loco) en un rodaje denunciado por Admistía Internacional bajo la acusación de provocar la muerte de varios nativos
amazónicos durante la secuencia de la caida del barco por una colina. Al extremo de que al finalizar el rodaje, los nativos
llegaron al límite de proponerle a Herzog asesinar a Kinski, hartos del caracter demagógico del actor y del trato despreci-
ativo a que los sometía. No mejor fue el rodaje en Africa de COBRA VERDE (87), donde la figuración femenina que inter-
pretaba al ejercito de amazonas se levantó (literalmente) en armas ante los retrasos en el pago de la figuración. Dicen que
Herzog recibió una samanta de hostias a pesar de estar rodeado de un nutrido grúpo de karatekas y que Kinski pasó más
miedo de lo habitual. Posiblemente entre Kinski y Herzog hubiese una amistad hecha de sinceridad y respeto mutuo de la
que ambos se beneficiaban: Kinski encontraba por fín personajes a la altura real de su talento y Herzog tenía al actor per-
fecto para plasmar su universo interior de forma vesosimil y tan imprescindible como la música de POPOL VUH. Pero
Kinski evitó atarse a cualquier cosa, a nivel físico y afectivo, incluso a lo que más quería. Despreció inconscientemente a
sus dos hijas: Pola y la popularísima Nastassia a las que apenas vió y mantuvo contacto. Puso “cuernos de arce” a sus
tres esposas con incontables amantes y solo desplegó un afecto y totalmente desproporcionado a su hijo pequeño Nanhoi,
del que no ha vuelto a saberse nada tras la muerte de su progenitor en 1991. Pero a quien realmente dejó huerfano de
talento fue a Herzog, que incapaz de volver a recuperar la magia y carisma de su actor fetiche, se volcó en el documental
y en la ópera. Werner Herzog teme haber perdido la inspiración que Kinski le ofrecía con su presencia y le hizo un último
tributo en el documental “MI ENEMIGO INTIMO” (1999), donde puso en evidencia lo mucho que lo echaba de menos y
la perdida de rumbo que dió su carrera desde entonces. Problemas aberrantes en los rodajes; hambre, epidemias y acciden-
tes en AGUIRRE. Ataques de nervios y locura en WOYZECK (78). Aislamiento en NOSFERATU, VAMPIRO DE LA
NOCHE (79); aportación de Herzog a esa escasa lista de magistrales re-makes capaces de añadir originalidad al modelo
clásico, como LA COSA de John Carpenter, LA MOSCA de David Cronenberg o EL CABO DEL MIEDO de Martin
Scorsese. FITZCARRALDO (82) y los problemas antes mencionados, y COBRA VERDE (87). En cuyo final de rodaje
Kinski le ofreció a Herzog la dirección de la única película en la que debutaría el actor como realizador. La producción
italiana “PAGANINI” (89), injustamente inedita en españa (con la basura que se estrena) y que no tengo el placer de haber
visto. Kinski le confesó a Herzog durante el rodaje de FITZCARRALDO: -ME HUNDO CONTÍGO. -Declaración casi de
amor en una relación de compromiso y puro odio entre actor y director como ha habido otras igualmente célebres: Ed Harris
y James Cameron en ABYSS, Bjork y Lars Von Trier en BALIANDO EN LA OSCURIDAD, Kirk Douglas y Stanley
Kubrick en SPARTACO, Harrison Ford y Ridley Scott en BLADE RUNNER , Val Kilmer y John Frankenheimer en LA
ISLA DEL DOCTOR MOREAU, Katherine Helmond y Terry Gilliam en BRAZIL, Michael Douglas y Paul Verhoeven en
INSTINTO BASICO, Antoine de la Morte y José Moral en ESTIGMAS, ETC, ETC, ETC... Egos enfrentados, egos en ebullición, pero nada comparado a la mítica de Kinski/Herzog. La furia del actor alemán, capaz de golpear realmente a un compañero de reparto para incrementar el realismo de la escena o para terminar de golpe la jornada, cuando no estába solamente interesado en la carnaza femenina que pululaba por el rodaje y sobretodo, el cheque de final de rodaje, su principal obsesión antes de empalmar con otro rodaje y así sucesivamente hasta que su cuerpo quebró y no pudo más. Incapaz de seguir soportando los excesos de un alma de por sí exce-
siva, indomable y fiel a sí misma hasta el final. Ahora Herzog está solo en su busqueda de la pureza visual de las imágenes,
quizá ya perdida para siempre tras la fallida GRITO DE PIEDRA (92) y su reciente regreso a la ficción con INVENCIBLE
(2002). Quedan las imágenes documentales de MI ENEMIGO INTIMO donde ambos se reencuentran emocionados en el
festival de Telluride como testimonio de que todo lo expresado texto atrás es rigurosamente cierto. El director ha perdido a
su musa y su sombra planea inolvidable y melancólica sobre la memoria y la nostalgia